La vida... ¿qué es la vida? ¿Alguien tiene la respuesta, la verdadera respuesta?
Algunos responderán que es el mayor regalo de la divinidad o de la naturaleza a nuestras almas. Otros dirán que es tan sólo el martirio de nuestras almas de nacer a morir, como fin último, como meta principal. Cada día que vivimos es un día más cerca de la muerte.
Las respuestas a esa pregunta son tantas como posiciones filosóficas o creencias religiosas tengamos las personas. Lo cierto, es que no hay una respuesta única y certera.
Pero casi todos podemos coincidir en que la Vida, personificada casi, junto al Señor Destino, personificado también, tiene voluntad propia y juegan ambos con los indefensos "muñecos" seres humanos. A veces proporcionan instantes, tiempos felices pero que no perduran, sino que parece que sólo fueron otorgados con el fin de arremeter los golpes con mayor fuerza. A veces, parece que la Sra. Vida, en este imaginario hipotético de ser supremo de voluntad propia, se regocijara en darnos las más duras estocadas en medio del pecho, apuntando al corazón. Pero con el cuidado de no producir una herida de muerte pero sí una herida de desgarro y constante sangrado.
Es ante estas circunstancias que encontramos a quienes aceptan con resignación cada estocada, atribuyendo a que es la voluntad Divina y hay que soportarla, a otros que creen que todo lo que a uno le sucede es producto, consecuencia de sus propias acciones y/o de lo que han atraído con su mente (por la ley de atracción), también encontramos a quienes atribuyen dichos acontecimientos desafortunados a los malos deseos y/o conjuros de otros mortales, también aquéllos quienes reniegan de todo y viven con el martilleo constante de la pregunta ¿por qué? y se atornillan con más fuerza a la idea de que Dios no existe.
Todo esto lleva a la conclusión de que ante los golpes, duros golpes de la vida, pasan dos cosas: nuestras convicciones o creencias se desmoronan cuan torre de naipes o se fortalecen, y en algunos casos llega a ser de manera enfermiza. Porque lo cierto es que todos tratamos de encontrar una explicación que consuele el alma, algo que ayude a soportar... Unos se aferran a creencias que les ayuden a aceptar y a seguir adelante. Otros pueden simplemente desplomarse por no tener de qué sostenerse.
Es en momentos de pérdida de un ser amado en que todos estos aspectos y matices se hacen presentes con mucha fuerza y energía. Es en cisrcunstancias como éstas también, en que si bien algunas personas no se aferran a la concepción del plan divino, porque no hay fé ni lógica para entender y aceptar, en cambio sí toman como tabla de salvación el hipotético de "lo que él/ella hubiera querido es...". ¿Cómo saber lo que quien ya no está quiere? Unos aseguran saberlo, otros no...
Es curioso como los seres humanos creamos o tomamos lo que podemos para confeccionar mecanismos de protección emocional, y no todos pueden lograrlo. Y no está mal... cada quien debe hacer lo que pueda para conservar la cordura y sobrellevar el dolor.
Hay aspectos de nuestra finita existencia que podemos dominar (libre albedrío le llaman muchos) pero buena parte de nuestro tránsito por este sendero escapa a nuestra voluntad. Y la impotencia, la ira, el dolor y para algunos resignación, para otros no, se ponen de manifiesto cuando al ser, o seres, que compartían nuestro camino por un tramo de vida, tiñendo de luz y colores nuestra existencia, dejan el camino y parten para siempre de nuestro lado. Unos se resignan, otros buscan los por qué, otros simplemente que llegué el fin, la meta, para volver a reuinirse con esa alma...
P.R.S
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